La leche merengada es una bebida muy típica de la gastronomía de España a base de leche y clara de huevo, dulce y aromatizada con canela y limón. Se sirve muy fría, incluso semihelada, por lo que es perfecta para la época de verano. Cuentan que es originaria de Valencia, y ya a finales del siglo XVIII y principios del XIX era una de las bebidas más populares de Madrid, de modo que hasta Refugio, uno de los personajes de Fortunata y Jacinta (Benito Pérez Galdós, 1887) tiene a bien refrescarse con esta delicia.
Don Evaristo, en tanto, miraba a Refugio, examinándole el rostro, la boca, el diente menos. la muchacha sentía vergüenza de verse tan observada, y no sabía cómo ponerse, ni qué dengues hacer con los labios al llevarse a ellos la cucharilla con leche merengada.
Un dulce tradicional que probablemente muchos hemos degustado en nuestra infancia, con ese regustito a canela y limón que nos transporta a la casa de las abuelas, a las cosas sencillas y hechas con cariño.
La leche merengada es muy fácil de preparar y muy económica, pero el postre que hoy os presento, no lo es menos. Hemos transformado la tradicional bebida en una tarta, con textura de mousse, que roba el sentido. Ni demasiado dulce, ni demasiado fuerte, ni demasiado empalagosa. Sencillamente perfecta. Durante la época de calor, podemos incluso congelarla con anterioridad y servirla después, semidescongelada, con una textura de semifrío.
Esta receta la he visto, exactamente con los mismos ingredientes en multitud de blogs, creo que procede de algunos de esos foros de cocina que tanto éxito tuvieron en la red hará unos diez años, pero no consigo identificar con precisión a su autor. Yo he seguido los pasos marcados por Su, de Webos Fritos, aunque he alterado las cantidades, ya que mi molde desmontable tiene tan sólo 15 cm.
Como os decía es una tarta muy sencilla para la que no necesitamos horno. Lo ideal es prepararla la tarde anterior a servir y reservarla en el frigorífico toda la noche para que cuaje a la perfección la gelatina. Para estos postres sencillos y con pocos ingredientes es fundamental cuidar la calidad de los que utilicemos: en mi caso he utilizado leche y nata Asana, procedente de ganaderías ecológicas certificadas de los Alpes, una auténtica maravilla. Venía en la caja Degustabox de este mes, podéis ver en esta entrada todos los productos que tuve la oportunidad de probar. Degustabox es una caja de productos sorpresa, todos ellos pertenecientes al ramo de la alimentación, que podéis recibir en vuestra casa mes a mes para probar y descubrir productos diferentes y novedosos. Siempre trae entre 10 y 15 productos diferentes, todos ellos de primeras marcas, con un valor de mercado superior al precio de la Caja Degustabox.
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Tarta mousse de leche merengada
- 150 g de galletas tipo Napolitanas (con canela).
- 50 g de mantequilla a temperatura ambiente.
- 2 claras de huevo.
- 3 hojas de gelatina.
- 150 g de leche condensada.
- 80 g de leche Asana.
- 240 g de nata Asana.
- 1/2 rama de canela.
- 1/2 cucharadita de canela molida.
- 1 cáscara de limón.
- 1 cucharadita de zumo de limón.
Preparación:
1. En primer lugar ponemos las hojas de gelatina en remojo con agua fría. Reservamos.
2. Trituramos las galletas hasta hacerlas polvo y las mezclamos con la mantequilla, que habremos derretido previamente. Cubrimos la base de un molde desmontable con papel de horno y extendemos las galletas. Presionamos muy bien con ayuda de un vaso (por ejemplo) y reservamos en la nevera o en el congelador.
3. Calentamos la leche junto con la rama de canela y la cáscara de limón. Cuando esté a punto de hervir, retiramos del fuego y dejamos reposar unos cinco minutos, así la leche tomará el aroma de la canela y el limón.
4. Retiramos la rama de canela y la cáscara de limón. Con ayuda de unas varillas desleímos las hojas de gelatina {muy bien escurridas} en la leche caliente, removiendo hasta que no haya ningún grumito. Entonces añadimos también la leche condensada y mezclamos bien. Reservamos, en un cuenco grande, en el que después nos quepa toda la mezcla. Dejamos que se temple.
5. Montamos las claras con unas arenitas de sal hasta que estén bien firmes. Cuando estén casi montadas, les añadimos la canela molida y el zumo de limón; terminamos de montar las claras y las añadimos cuidadosamente, con movimientos envolventes a la mezcla de leche que teníamos reservada.
6. Montamos la nata. También la añadimos al bol de la mezcla con cuidado.
7. Vertemos la mezcla sobre la base de galleta y alisamos la superficie con ayuda de una espátula. Llevamos al frigorífico un mínimo de 6 horas, aunque lo mejor es hacer la tarta por la tarde y que quede hasta el día siguiente, para que la gelatina tome firmeza.
8. Antes de servir, desmoldamos y decoramos con canela molida.
Nota de la bloguera: si os apetece servirla "helada" (siempre que tengáis sitio) la metéis en el congelador sin decorar, dentro de su molde. El día que vayáis a servirla la sacáis del congelador unas por la mañana, la desmoldáis y la reserváis en la nevera. Así estará muy muy fría pero no congelada. Como si fuese una tarta helada. Decoráis con canela molida antes de servir, para que no se humedezca.
Nota de la bloguera: si os apetece servirla "helada" (siempre que tengáis sitio) la metéis en el congelador sin decorar, dentro de su molde. El día que vayáis a servirla la sacáis del congelador unas por la mañana, la desmoldáis y la reserváis en la nevera. Así estará muy muy fría pero no congelada. Como si fuese una tarta helada. Decoráis con canela molida antes de servir, para que no se humedezca.